“No poseer las virtudes, sino sufrir por ellas”

Uno puede pensar que las virtudes son esa herramienta solo para disfrutar, son esos tálenlos con los cuales podemos sobresalir ante los demás, conseguir mayores responsabilidades, mejores puestos de trabajo, más riquezas materiales, mayor liderazgo, más prestigio, ser más populares…

Me quedó grabada esta frase: “No poseer las virtudes, sino sufrir por ellas”, que mi querido Padre Enrique pronunció durante la celebración de sus 25 años como sacerdote, ¡no podía haber definido mejor en solo ocho palabras, lo que habían sido dichos 25 años!, un hombre que vive de la providencia, dedicado a los indigentes y a un difícil ministerio, como es la lucha contra el mal, cumpliendo aquello que el mismo Jesus hizo y pidió a sus discípulos: “expulsar demonios”.

¿Sufrir por ellas?

Grandes buenos líderes de cualquier tiempo, ha sufrido por su capacidad de liderazgo, por sus talentos. Entregar los mismos les ha llevado a grandes desilusiones, a ser incomprendidos, aislados, criticados, enjuiciados y a muchos de ellos a la propia muerte.

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La envidia es el gran “cazatalentos, la envidia es intentar matar en el otro aquello que uno no es capaz de dar, la envidia es no querer hacer el esfuerzo de entregar tus talentos, ante ello surge un deseo de venganza cuando ves que lo hacen los demás.

Sufrir por ellas, es saber que esos talentos/virtudes para entregarlos en su máximo potencial requieren de un esfuerzo ímprobo por nuestra parte, la generosidad es un acto de amor sin limites dado que lleva a la mayor entrega, que es la de uno mismo.

La misma, es la entrega de tus fortalezas y debilidades, “sufrir por ellas” es la escuela/camino de servicio a los demás.

La humildad es la llave de este sufrimiento, la humildad es la máxima sabiduría en el conocimiento de uno mismo, agudiza la inteligencia, ensancha el corazón y hace que la voluntad sea siempre un nuevo gesto de amor.

“Poseer” es tenerlas para uno mismo, “sufrir” es entregarlas a los demás.

Muy bien todo lo dicho anteriormente se podría resumir en esta otra frase: “Amar hasta que duela y cuanto más duela, seguir amando”.

Foto: En una de las peregrinaciones con el Padre Enrique y las hermanas Carmela y María.

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