LA SEÑORA CARMEN

La señora Carmen, es mi santa madre. Santa, por que tuvo seis hijos a los que da su vida. Uno de ellos murió antes de nacer, pero ella lo recuerda por igual.

¿Qué decir de mi madre?

Quizás, es normal que una madre te reciba siempre en su casa con la misma naturalidad,  dulzura, alegría, servicio y comprensión. En mi caso, desde hace 50 años, en el de mi hermana mayor, un añito más, los otros tres vienen por detrás.

Quizás, no es nada extraordinario, que en los momentos más difíciles, me abriera sus puertas de par en par y me volviera a acoger en su hogar.

Quizás, no tiene nada especial que siempre tiene algo de comer para sus hijos, aunque nos presentáramos todos al mismo tiempo sin avisar.

Quizás, era su deber cuidar de sus nietos, cuando nosotros teníamos que ir a trabajar.

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Quizás, no tiene ningún valor diferenciado que nos escuche durante horas cada vez que la necesitamos, aunque su cena se quede fría una vez más.

Quizás, fue normal, que cuando tuvo algo de dinero, lo repartiera entre nosotros, porque “lo necesitábamos más”; cuando ella, nunca tuvo nada especial.

Quizás, tenía que ser sabia; era su labor tener esas palabras exactas, que a veces no nos gusta escuchar, pero que tanto me hicieron y hacen reflexionar.

Quizás, estamos acostumbrados a que, pese a sus largas horas de soledad, nunca se sienta sola; su fe la acompaña. Sé que nos hace presentes en cada oración, seamos creyentes o no. Tengo la seguridad de que Dios nos cuida de una manera especial, gracias a ti, mamá.

Quizás, pese a tu mal estado físico desde hace muchos años,  y que te acaban de poner un respirador que debes llevar ocho horas por el día y otras tantas por la noche, es normal que digas que estás ¡perfecta! y que es una suerte todo lo que la vida te da.

Quizás, no es del todo habitual, pero desde hace tiempo ya no puedes llorar. Se te secó el lagrimal, quizás por sufrir más de lo debido, quizás…

Me encanta ir a tu casa, es verdad que lo debería hacer muchísimo más, algún día te echaremos mucho de menos; seguro que todos por igual, nos diste y das tanto… Sé que sólo Dios, podrá poner en nuestros corazones una Madre que sepa amarnos como tú, sin más.

Felicidades en cada día de la madre. Felicidades porque nos diste lo mejor que tenías: a ti misma – todo tu tiempo. A veces me extraño cuando estoy contigo y veo que por un instante no soy el centro de tu atención… ¡ah! es que llamó otro hijo tuyo y claro, lo tienes que atender por igual.

Gracias mamá.

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